La educación de la sociedad futura

La educación de la sociedad futura

El cambio hacia el futuro ya puede percibirse, el ser humano está dejando de fiarse de sí mismo y es desplazado a medida que avanza la tecnología. Los ordenadores han pasado a formar parte elemental de su vida; los utiliza para actividades cotidianas, e inclusive para la toma de decisiones que repercuten sobre aquello que lo constituye como individuo. Tal vez más adelante, se haga caso al algoritmo de un software para tomar elecciones decisivas. Los test psicométricos computarizados podrían responder todo: qué hacer, a dónde ir, para qué carrera soy más apto, a qué pareja debo elegir. 

La reflexión individual puede verse desplazada, del mismo modo que la creación artística, antes atribuida exclusivamente a la especie humana. Podría bastar con un programa que siguiera determinadas normas estéticas para hacer composiciones musicales, de imagen, narrativas… entre otras. Todos estos cambios implicarían una transformación sin precedentes de nuestra concepción como seres significativos, o de valor. Frente a los avances de la biotecnología y la inteligencia artificial (IA), los humanos promedio corren el riesgo de ser considerados, simples cifras, dado que desaparece la noción y, por ende, la importancia del individuo, visto ahora como un cúmulo de algoritmos manipulables que determinan su existencia.

En este sentido, el desarrollo biotecnológico y de IA representa una amenaza para el humanismo, pues el afán de crear humanos superiores intervenidos tecnológicamente para aumentar sus capacidades en el procesamiento de información, solo dará paso a una brecha biológica y social que determinará la clase de humanos prescindibles para el sistema dominante, “la supervivencia del más apto”. Solo aquellos con la capacidad de consumir, producir y distribuir la información fluctuante en mayor y mejor medida serán dignos de ser reconocidos como sujetos valiosos. 

Así, la humanidad pierde legitimidad como ente rector de los procesos sociales y en su lugar aparecen el tecnohumanismo, orientado a la creación de modelos humanos superiores diseñados genéticamente, y el dataísmo, cuya prioridad es encomendar los inmensos flujos de datos a algoritmos electrónicos.

Teniendo en cuenta este panorama, se puede atender una pregunta clave: ¿A qué debemos prestar atención, cuando nos enfrentamos a un flujo masivo de datos, de información?  

El desarrollo tecnológico fue producido por una forma de inteligencia consciente, con ilusiones, ideas, aspiraciones, metas o intenciones. El actuar del ser humano es dirigido por aquellos significados en los que ha decidido creer y sobre los cuales ha configurado el mundo moderno.

Podemos tomar como ejemplo la realidad constituida por los significados que rigen a la humanidad. Dentro de ésta, existen algunos conceptos que pueden ser puestos en tela de juicio, como la libertad o el libre albedrío, que presumen de ser la capacidad humana de tomar decisiones por voluntad propia, pero que pierden sentido cuando se tiene en cuenta que funcionamos como un simple cúmulo de algoritmos procesados por nuestro cerebro, aunque éstos resulten mucho más complejos que en otras especies.  

Con la tecnología se han desarrollado algoritmos no conscientes pero sí complejos, lo suficiente como para pensar que el ser humano podría dejar de prestar atención en saber lo que quiere o en conocerse a sí mismo. Los algoritmos han alcanzado la capacidad de conocer mejor sus posibles respuestas y reacciones, y esto implica el desvanecimiento de la noción del ser humano como un ser singular, espiritual o motivado por impulsos intransferibles. La IA es capaz de almacenar nuestros datos y motivaciones y por ende es capaz de dar respuesta anticipada a nuestras acciones, pero hay algo que escapa a este modo de procesar la información: nuestra capacidad de reflexión.

Nuestra conciencia reflexiva nos abre la posibilidad de cambiar significados establecidos, de actuar de manera distinta, de creer en cosas distintas, y de manera que puede conducirnos hacia una evolución. Por lo tanto, hay que considerar que la educación se deberían enfatizar en fomentar la reflexión, el pensamiento crítico, el debate de los significados e ideales establecidos, el rumbo de las acciones del ser humano; hacer hincapié en la tecnología como una herramienta que debe ser empleada con responsabilidad y no solo como un medio que controla la vida y ofrece todas las soluciones o respuestas. 

 Pensemos que en los últimos años la tecnología ha facilitado el acceso a la información y el conocimiento. Un ejemplo es YouTube, en donde a través de contenidos audiovisuales, muchos internautas han creado materiales educativos, informativos, de entretenimiento, etc., sin embargo, el exceso de información irrelevante que fluye en los medios masivos representa un obstáculo para distinguir la información realmente importante, e impide comprender los efectos del ritmo y la orientación del desarrollo científico y tecnológico que está dando lugar a nuevas formas en la estructura social. 

Entonces, el campo educativo se enfrenta al reto de intervenir de manera efectiva en el discernimiento de la información relevante para el bienestar colectivo, de modo que el acceso a la información permita a la gente común apropiarse del conocimiento generado para aprender a adaptarse a los cambios que se presentan de manera continua en el mundo.

Si bien es cierto que existen nuevos softwares que han desplazado la presencia humana en el procesamiento de información para ofrecer materiales educativos, haciendo de la IA una herramienta más efectiva y personalizada, con la capacidad de analizar los datos de cada individuo para brindarle las herramientas o los servicios necesarios para su aprendizaje, es de suma importancia que la gente entienda cómo funcionan estas herramientas tecnológicas y aprenda a utilizarlas para aprovechar los conocimientos adquiridos y las oportunidades que éstos pueden brindar para desarrollar distintas habilidades. 

En conclusión, es fundamental fomentar el desarrollo de competencias que capaciten a las personas para hacer frente al cúmulo de información que fluye de manera constante y masiva, en la que están inmersas a cada momento, así como fomentar el autoconocimiento y las relaciones interpersonales para que el individuo se conozca a sí mismo y a los demás, de tal forma que se mantenga en interacción social, en la búsqueda y renovación de significados, narrativas y valores que orienten su actuar.

Realizado por:

Estefanía Cano Vargas, 

Abril Cecilia Torres Lara.

Referencias

  • Harari, Y. N. (2018). Homo Deus: Breve historia del mañana / Homo deus. A history of tomorrow: Breve historia del mañana (Spanish Edition) (Illustrated). Debate.
  • Harari, Y. N. (2020). 21 lecciones para el siglo XXI / 21 Lessons for the 21st Century (Spanish Edition). Debolsillo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *