El doble rol que transformó mi profesión: Mi experiencia en la maestría como alumna y docente.

 El doble rol que transformó mi profesión: Mi experiencia en la maestría como alumna y docente.
Existe una frase popular que dice que “el que se atreve a enseñar, nunca debe dejar de aprender”. Como nutrióloga y docente, esa máxima se ha convertido en el motor de mi día a día. Estar al frente de un aula es una gran responsabilidad; mis alumnos confían en que la información que les comparto es la mejor disponible. Sin embargo, en el área de la salud, lo que hoy es una verdad absoluta, mañana puede cambiar. Por eso decidí dar el paso y regresar a las aulas, pero esta vez desde el otro lado del escritorio: como alumna de la Maestría en Entrenamiento Deportivo.
Esta decisión no nació de la simple acumulación de títulos, sino de una necesidad real que detecté tanto en mi práctica clínica como en mis clases.
Como profesionales de la nutrición, es muy común que le digamos a un paciente: “Tiene que hacer actividad física”. El problema es que, si lo dejamos solo en eso, le estamos fallando. Decirle a alguien que se mueva sin darle una guía clara es como entregarle una receta de cocina sin ingredientes ni cantidades.
Gracias a la maestría, entendí que para prescribir un estilo de vida realmente integral, debemos dominar las bases del entrenamiento. Hoy sé que no se trata de mandar a todos a correr o al gimnasio por igual. Necesitamos evaluar:
  • ¿Cómo llega el paciente? Cuál es su condición física actual, su historial y sus limitaciones.
  • ¿Cuáles son sus capacidades reales? Qué puede hacer de forma segura hoy, no mañana.
  • ¿Cuál es su objetivo final? Ya sea perder grasa, ganar masa muscular, mejorar su salud cardiovascular o simplemente tener más energía.

A partir de este análisis, hoy puedo diseñar un plan de entrenamiento o dar recomendaciones sumamente específicas y personalizadas. Ya no doy consejos al aire; doy soluciones adaptadas a cada realidad.

Por otro lado, mi faceta como docente ha dado un giro de 180 grados. Estudiar este posgrado me ha dado acceso a material científico actualizado y de primera mano. Esto ha enriquecido mis clases de una manera que no imaginé.

Mis alumnos ya no reciben solo la teoría de los libros de texto tradicionales; hoy les comparto lo que se está discutiendo en la vanguardia del deporte y la salud. He podido ser mucho más puntual en los temas, resolver dudas complejas con mayor seguridad y, sobre todo, transmitirles la importancia de la interdisciplina. Quiero que mis estudiantes vean que la nutrición y el entrenamiento no son caminos separados, sino dos caras de la misma moneda.

Estudiar y enseñar al mismo tiempo es un reto exigente que requiere tiempo y energía, pero la recompensa es inmediata. Todo lo que aprendo el fin de semana como alumna, lo transmito el lunes a mis estudiantes y lo aplico el martes con mis pacientes.
Esta maestría me ha demostrado que la especialización no es un lujo, sino una obligación para quienes impactamos en la vida y salud de los demás. Al final del día, seguir preparándome es la mejor forma de honrar mi profesión, a mis alumnos y, por supuesto, a cada persona que confía su bienestar en mis manos.

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